- Y decís que ha sido encerrado en la Bastilla siendo inocente- musitó el otro hombre-. ¿Estáis seguro de eso?. Es un noble poderoso y por lo tanto capaz de cualquier cosa. ¿Cómo podéis poner la mano en el fuego para proclamar su inocencia?.
- Es que es inocente de las acusaciones que han vertido sobre él- respondió Pierrot con vehemencia. Desde su encuentro con Jereiddín era la primera vez que no hablaba con miedo pero lo hacía con la seguridad de esta en poder de la verdad-. A mi señor le han tendido una trampa.
El asesino empezó a reír.
- No le veo la gracia, señor mío- Valverigny torció el gesto ofendido. Pero al poco de haber dicho eso se arrepintió nuevamente. Sobre todo al ver que el hombre callaba de repente.
- Al final resultará que tenéis agallas y todo- dijo al cabo de un momento para tranquilidad del letrado-. Bien- asintió-. Me gusta que así sea. Había llegado a pensar que no érais más que un mequetrefe de esos que corretean por los salones de Versalles y se codean con el rey.
- Si me codeara con el rey- repuso Pierrot- hoy por hoy mi señor no estaría en la Bastilla sino estudiando sus negocios de Mónaco.
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